1.  Más de 500 años de injusticia contra indígenas
     El gran reto histórico, cambiar las condicionesMensaje de solidaridad del EZLNCreel, Chihuahua

    Por Antonio Payán Gómez

    El estado en el que se encuentra el indigenismo ha representado una deuda histórica con las diferentes etnias que existen en el país, y que han dado lugar a guerrillas como las del EZLN en el estado de Chiapas. Particularmente en Chihuahua, la condición de los tarahumaras y la situación en que se encuentran, plagada de injusticias, representa en tiempos actuales una factura urgente de pagar, en un tema que ayer mostró una faceta interesante:

    La jornada que sostuvo en la Sierra el gobernador César Duarte con más de 400 gobernadorcillos tarahumaras reflejó un ejercicio inusual de compromisos para buscar modificar la situación de fondo y preparar a estas razas para que enfrenten las circunstancias que se avecinan.

    Duarte confirmó la construcción de 25 mil viviendas, que en un promedio de cuatro miembros de la familia nuclear indígena, ayuden a resolver la ausencia de un patrimonio y saquen de las cuevas a muchos que ahí sufren de brotes de lepra y tuberculosis, poniendo en marcha un modelo de democratización de identidades de la misma raza, como profesionista de la salud formados en las mismas zonas, y de apoyos para sus cultivos que les permitan salir adelante.

    En el encuentro con el gobernador se rompieron los protocolos existentes en el contacto del indígena con la autoridad chabochi, pues en un diálogo inédito del jefe del Ejecutivo con los representantes directos de más de cien mil tarahumaras, se atacó de fondo el problema histórico de desigualdad, discriminación, corrupción, cacicazgos, salud, educación y medio ambiente de nuestras etnias, en atención a las cuales se obliga el rompimiento de toda una cadenas de inercias y ataduras para iniciar un nuevo periodo de metas que, extraordinariamente altas en sus objetivos, exigen modificar precisamente de raíz los problemas.

    Duarte Jáquez dio un discurso donde prácticamente advierte que las simulaciones, el no hablar con la verdad y la realidad a la que siempre han aspirado los tarahumaras, es la muestra palpable del atraso en que se encuentran esas comunidades, y de la parte oficial, el simple protocolo de atender a esta raza legendaria con un desprecio disfrazado de utilitarismo, según se interpreta en las expresiones del mandatario

    Representados los indígenas por el legendario líder Alberto Americano, un rarámuri de vieja estirpe, promotor de mil batallas contra caciques e injusticias, y que por la magnitud de los problemas llegó a caer en un coma diabético que lo puso prácticamente al borde de la muerte, teniendo que serle amputada una pierna, el encuentro de ayer en plena Sierra Tarahumara puede marcar el comienzo de una nueva era para nuestros hermanos de esa raza, que han vivido sufriendo todas las vicisitudes imaginables sin el apoyo o amparo externo.

    Y con ello, el nivel del compromiso contraído por el propio Duarte Jáquez, quien destacara que se toca este desafío ya en pleno ejercicio de la administración y no en una campaña política. Americano invistió a Duarte Jáquez con el bastón de mando, esperando romper con ese protocolo donde los indígenas confieren el poder a un chabochi recibiendo siempre más de lo mismo, un elemento que ayer puso en el Congreso Estatal Indigenista otra cara diferente, como lo testimoniaron los asistentes.

    La manera en que se ha llevado por siempre la relación con los tarahumaras enmarca un agobiante burocratismo, ausencia de salud, clientelismo en materia de apoyos, acoso de caciques, tala indiscriminada de los bosques, y a pesar de que ellos son los dueños, nunca obtienen ninguna utilidad por las embestidas de los intereses, donde además el problema de la inseguridad provoca en perjuicio de estos seres nobles un problema de injusticia, y en donde la hambruna ataca en zonas donde nunca esperan recibir respaldo alguno en los aspectos más esenciales.

    En problemas donde la Coordinadora de la Tarahumara, ahora situada desde el comienzo de la administración duartista en el corazón de la Sierra, como es Guachochi, mantenía un gasto presupuestal donde el 80 por ciento era para una abultada nómina y sólo el 20 por ciento se destinada presumiblemente para apoyos a los tarahumaras, pero se tiene evidencia que no les llegaba ni el trece por ciento, producto de mala administración y de una evidente corrupción imperante.

    El gobernador encontró en estos y otros problemas el grave factor de la desatención y la arrogancia del “hombre blanco” o del chabochi, que sólo ha usado a los indígenas para el discurso político o el anzuelo electoral de campañas políticas.

    El meollo del problema indígena es que la visión es errónea. Los tarahumaras tienen la misión de cuidar el ambiente y, en resumen, de buscar vivir en paz, según les puntualizó Duarte Jáquez.

    La vida del indígena es sencilla. Buscan vivir en paz, no molestar a nadie; sustentan sus vidas en el cuidado de sus tierras. A ellas les confieren su alma entera, ruegos, sacrificios, esperanzas y anhelos, todo arrebatado por la mano invasora que destruye sus superficies, los manipula y los utiliza para otro tipo de fines.

    Sacar de este ostracismo a más de cien mil tarahumaras que aún quedan de una diezmada población no es una tarea fácil, sino al contrario, de suyo altamente compleja y difícil.

    El compromiso en ese sentido, en el marco de la recepción de los indígenas, fue tomarle la palabra al gobernador en lo que les afirmaba.

    Se estableció el compromiso de la formación de medios en facultades de medicina de Parral y de Cuauhtémoc, para que los mismos profesionales que se formen vuelvan a sus comunidades para atender a los suyos. Y también, una advertencia al magisterio: ir contra los maestros que nunca se paran en las aulas porque son lugares intrincados o porque los accesos son difíciles, dejando con esto sin formación a los niños y jóvenes, que se emplean fácilmente en el ocio y en el alcohol con ayuda de la mano caciquil, que les provee del maíz para procesar el tesgüino, para mantenerlos alcoholizados.

    O de las despensas que se apolillan en las bodegas, en cajuelas de camionetas oficiales, y que nunca llegan a su destino, lo que se vuelve dramático para los indígenas. Y, si sus esperanzas son atendidas, el rostro del indigenismo no sólo en Chihuahua, sino en el país entero, se puede modificar positivamente, un reto complejo e histórico que ya se echó a cuestas el gobernador y que en el ánimo de los tarahumaras, pimas, tepehuanos y guarojíos, está obligado a cumplir.

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    1. rincondelblack ha publicado esto